Se encuentran en la cola del autobús... Hacía años que ninguno de ellos cogía esa línea, tal vez temiendo este reencuentro, quizás atemorizados por los recuerdos de tantos viajes compartidos.
Imposible no saludarse, ya se habrán visto, o tendrán que verse dentro del vehículo.
Dos besos, qué tal tu vida. El trabajo. Conseguiste plaza. Sigues en lo que te gusta. Y la familia. Todos bien, me alegro. Y tu mujer. Muy bien, agobiada en el trabajo, ya sabes. Claro, como todos. Y tú, tan independiente como siempre. No tanto. Qué bien. Cuánto tiempo. Sí, las vidas que cambian y no tienes tiempo para nada ni para nadie. Hoy cojo el bus porque se me estropeó el coche. A mí hoy no podían recogerme, además siempre me gustó el transporte público. Sí, es cierto, como a mí. Qué calor. Cómo se nota que ya ha llegado el verano. Qué haces en vacaciones, viajas, como siempre. Sí, alguna escapadilla haremos, queremos conocer Irlanda. Y tú. Algunos días de playa, ya sabes, pero con el trabajo de mi mujer será imposible. Qué lástima. Bueno, aquí me bajo ya. Sí, claro, vas a tu casa hoy. No, ya la casa de mis padres. Me alegro mucho de haberte visto. Y yo, no sabes cuánto me he acordado de ti. A ver si quedamos o algo los cuatro y nos ponemos al día. Sí, claro, sería estupendo. Otros dos besos. Venga, que me paso la parada. Venga, que te aproveche el almuerzo. Hasta pronto. Adiós.
Sigue temblando su mano, el corazón en un puño, sus dedos conservan el tacto de su pelo. Imposible no volver la vista. Quizás habría sido mejor no saludarse. A quién pretende engañar... volvería a mantener la misma estúpida conversación un millón de veces, sólo para escucharle hablar, para sentir de nuevo su aroma, que la transporta a otro mundo. Él se aleja, camino de su casa. Ella sigue mirando hasta que el autobús gira la calle y le pierde de vista.
Baja del autobús. No puede mirar atrás. Bueno, la saludará con la mano cuando pase a su lado. No, no estaba mirando. Debe pararse y respirar. Un nudo llega hasta su nuez y muere allí. Sus manos tiemblan. Respira hondo y la recuerda, una vez más, riendo en su cuarto, con las persianas bajadas y unos apuntes desperdigados por el suelo. Cuántos años... y nada ha cambiado. ¿Pasará alguna vez?
Aniversario
Hace 7 años

